A las mujeres nos han enseñado a sonreír y pedir perdón

Nadie nace culpable, salvo nosotras las mujeres. Al menos, eso es lo que parece o la fama que tenemos cuando hablamos con las amigas o cuando nos escuchamos a nosotras mismas.
Un ejemplo muy claro, cuando una relación fracasa, los hombres culpan al destino, a la suegra, al jefe o al mal clima de la región o vete tú a saber, a cualquier cosa menos a ellos mismos.
Las mujeres sin embargo, somos más previsibles, nos culpamos a nosotras mismas. Pero lo ampliamos a todos los aspectos de nuestra vida. Al trabajo, a los amigos incluso con el gato….
Esto es debido a que las mujeres buscamos siempre la causa en nuestro interior, y luego ya nos paramos a pensar en los demás. Incluso es frecuente que nuestra primera frase sea pidiendo perdón. Y todo ello es porque nos han enseñado a sonreír y a pedir perdón. Aunque se les olvidaron enseñarnos a triunfar.
Para nosotras es como si la culpa fuera interior, aunque venga de fuera, la culpa funciona como una vocecita interior que hace nos autocensuremos. Todo ello aprendido desde la infancia y se deriva en que algunas mujeres son inseguras y autoexigentes.
De hecho, hace que la mayoría de las mujeres se exijan mucho más en el trabajo que sus colegas masculinos y es que a menudo las mujeres somos culpables hasta que se demuestre lo contrario.
Un ejemplo típico es ver una mujer al volante delante de un hombre, la cantidad de alusiones que se pueden oír en treinta segundos haciendo alusión a su capacidad de conducción. Hay mujeres que se sienten culpables de ello…
Ya desde pequeñas, conducimos el segundo coche, el más viejo, el más roto, y si encima pasa algo con el coche nos hacemos más culpables. De ahí que la mujer más en el tiempo, ante un problema nos sintamos más responsables. Total lo llevamos haciendo toda la vida.
Por ejemplo a un hombre raras veces se le oye decir o quejarse de que no es el hombre perfecto o el padre o marido ideal. No se hacen reproches. Sin embargo las mujeres estamos obligadas a exigirnos, ser la mujer ideal, la esposa y madre perfecta, la que mejor cocina, la que mejor rinde en su trabajo, la más organizada, la más todo..
Y no nos damos cuenta que, las exigencias imposibles de cumplir son la fuente más corriente de la culpabilidad morbosa del género femenino.
Pero no creáis que la culpabilidad viene de mucho atrás. De hecho comenzó al principio de la humanidad. ¿Quién era la serpiente? La mujer. Y ya con su curiosidad quiso saber a qué sabia la fruta del Árbol del Bien y del Mal y comete con ello en el Paraíso el pecado femenino.
Ante Dios, Adán culpó a Eva, para los padres de la iglesia, la mujer es la culpable de los pecados del hombre, es la que tienta, la que provoca a un varón que no es culpable de sus arrebatos de pasión (risas).
La mujer es la culpable del adulterio… de ahí que en muchos países las lapiden a ellas y se perdona al hombre. Y es que las únicas que nacemos culpables, somos las mujeres. Al menos eso dicen los Budistas que aseguran las mujeres son varones que pagan en esta vida los pecados de una vida anterior.
Después de este largo escrito, el resumen es que, me hace gracia que el pecado original de la mujer es ser mujer. Por lo tanto ¿no creéis que ya es hora de liberarnos?, de ¿esas creencias? Y dejarnos de sentirnos culpables, y comenzar a ser responsable ¿de nuestros éxitos y fracasos?.
Sé que muchas mujeres no os sentiréis identificadas, pero un tanto por ciento sí, con lo cual pensar que la culpa paraliza y la verdad libera.
Imagen | Flickr
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27 de Septiembre de 2009 - 16:01
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