Tus pies, a la vista y a la moda
Los pies son a menudo víctimas del desprecio popular, ya que mucha gente asegura que su aspecto le produce cierto repelús. No es de extrañar, pues el primer día de sandalias de verano suele ir precedido de un buen susto. Meses de botas y calzado deportivo tienen a nuestros amigos un poco afligidos, blancos y descuidados. Y cuando nos atrevemos a ponernos nuestras sandalias favoritas, felices de que nuestros pies puedan al fin respirar, lo que descubrimos debajo de los calcetines es un sucedáneo de lo que en septiembre parecía algo bonito.
¿Qué hay que hacer? Pues tenemos dos opciones: buscar un calzado fresquito pero que mantenga los pies escondidos, lo cual no deja de ser una tortura para esta sufrida parte de nuestro cuerpo, o darles un baño de alegría y vitalidad a través de una pedicura. Y para ello, tenemos dos alternativas: acudir a un centro de estética, sentarnos y olvidarnos o hacérnosla nosotras mismas en casa. Lo primero no tiene más secreto que llamar y pedir hora, así que centraremos este artículo en lo segundo. A continuación, los pasos fundamentales para acertar con la pedicura.
Y es que de maneras de cuidar de nuestros pies hay muchas, pero todas ellas coinciden en las pautas básicas. La primera siempre es la misma: tras retirar -de haberlos- los restos de esmalte, pies en remojo. Eso sí, durante un tiempo controlado. Unos 10- 15 minutos, no se recomiendan más de 20. Para mejorar el proceso, le echaremos al agua unas gotas de jabón, aceites esenciales, limón o bicarbonato.
Antes de que finalice este periodo de tiempo, sacaremos los pies del agua y les aplicaremos un exfoliante para que nos ayude a acabar con las pieles muertas. En caso de callosidades o pieles muy secas, no esta de más usar una piedra pomez y/o lima de pies para rematar el proceso de eliminar impurezas. Tras ello, enjuagamos los pies en el agua y los secamos bien con una toalla, prestando especial atención al espacio entre dedos. No está de más aplicarse una crema humedante, siempre teniendo en cuenta la naturaleza y necesidades de nuestros pies.
Hecho todo esto, es el momento de prestar atención a las uñas. Primero de todo, hay que cortarlas. A diferencia de las manos, siempre rectas y no muy arrán, pues se trata de una zona delicada y lo contrario podría propiciar la aparición de infecciones y hongos. Con las uñas ya cortadas llega el turno de la lima, que usaremos primero por su parte más áspera para terminar después con la menos áspera. Una vez hecho todo esto, utilizaremos un moldeador de cutículas para empujarlas hacia atrás. Sobre todo, jamás te las cortes.
Ahora las uñas ya estarán preparadas para ser pintadas, en caso de que así lo deseemos. Y en ese sentido, para gustos los colores. Nunca mejor dicho, pues los colores vivos están muy de moda, aunque también podemos optar por la clásica pedicura francesa o por un simple toque de esmalte transparente para darles vidilla. Sea cual sea nuestra elección, es recomendable empezar y rematar el proceso con base incolora, que asegura que las uñas permanezcan pintadas durante más tiempo y contribuye a una fácil eliminación.
Los pies están para enseñarlos y fresquitos van de maravilla, así que aprovecha que es verano y lúcelos sin complejos. Ya sabes cómo hacerlo.
Foto: dedos de sandía por arquera en Flickr.com.


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